EL NACIMIENTO DE TELIRA
Mucho antes de que en la Edad Moderna llegaran los colonizadores con su hora en punto, para incluir a su dieta y a su rito diarios el té reconfortante, mucho antes de que se celebraran victorias (fueran reinas o no) o tertulias caducas de salón al son de viejos uniformes, al son de vestidos de raso y de liras, mucho antes, mucho más antes, y siempre sin horas en punto, pero no a deshora, los indígenas de La Ribera del Duero ya tomaban sus tés de roca, recogidos en las vertientes de La Serrezuela del río Riaza y buscaban cualquier excusa para celebrar en grupo, a cualquier hora y en cualquier día, la felicidad de sentirse vivos, al son de la lira, del ingenio, la creación y otras músicas. A esto último lo llamaron tertulia.
Así que nacimos ya desde antaño, aun sin haber estado entonces. Vimos la luz cuando abrimos los ojos: primero fue un reflejo solitario y de asombro en la palabra escrita; luego el asombro se hizo compañía entre lo escrito, lo hablado y lo comentado; finalmente la compañía de unos y otros se hizo solidaria en el grupo entre lo escrito, lo hablado, lo comentado, lo polemizado, lo planificado y lo alado: té de roca y lira reconfortantes y vivificadoras: Telira.
Nos inscribieron en el registro civil el 1 de febrero de 2001. Telira: Tertulia Literaria Ribereña. Así consta en nuestra partida de nacimiento, aunque nos habíamos parido mucho antes. Nos confirmaron Alejandro Campos (Finisterre) y Gabriele Morelli el 7 de febrero de 2001, no sabemos a qué edad. Luego vinieron más confirmaciones.
Desde antes y desde entonces tomamos té y otras bebidas, oímos la lira y otras músicas en grupo, al menos una vez al mes en el local que podemos o nos dejan, generalmente en La Tasca del amante Luis. Al final del acto cantamos un Telira, que suele salir Te Deum, pero si algo desafinamos se nos va en algunas estrofas a “Miserrerre”.
